La rabia: qué nos enseña y cómo controlarla.

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La rabia es sin lugar a dudas una de las emociones básicas más potentes y arrolladoras. Muy a menudo se confunde con la agresividad y la falta de autocontrol, con tener mal carácter o no saber gestionar ciertas situaciones. Sin embargo, la rabia puede ser muy posibilitadora: nos lleva a la acción, nos ayuda a poner límites, a decir que no y a reafirmarnos. En este post vamos a ver como canalizarla para convertirla en nuestra aliada y no en nuestra enemiga.

 

 

El primer paso para manejar la rabia y evitar que nos posea, es reconocerla. Una manera de hacerlo es fijarnos en nuestras sensaciones corporales. A nivel físico la rabia nos provoca tensión muscular en las extremidades y la sentimos en el aumento de nuestro ritmo cardíaco, frecuencia respiratoria o tensión arterial. Además, notamos calor y enrojecimiento. Así que la próxima vez que te sientas enfadadx lleva tu consciencia a tu cuerpo:

 

¿Físicamente qué me pasa? ¿Dónde siento la emoción? ¿Cómo está mi respiración?
¿Cómo late mi corazón?

 

 

El segundo paso es reconocer en qué nivel de intensidad la estamos viviendo. Imagina que la rabia tiene 10 niveles de intensidad: a un nivel 0,5 por ejemplo, es muy productiva, nos lleva a la acción para hacer cosas como levantar la mano o sacar la voz; en niveles medios es emprendedora, estratégica y activa y en niveles altos puede ser peligrosa y llevarnos a la agresión y a la violencia. 

 

Así que la próxima vez que sientas rabia plantéate:

 

¿A qué nivel de intensidad la estoy sintiendo? ¿Qué posibilidades me abre y cuáles me cierra? ¿Qué opciones tengo? ¿Cómo quiero reaccionar ante esto?

 

Si tras comprobarlo ves que estás muy ofuscadx y encendidx, puedes:

 

  • Dar un paso atrás y tratar de ampliar la perspectiva, la rabia siempre ofusca mucho, así que conviene buscar claridad.
  • Anclarte a tu respiración
  • Contar hasta que estés más relajadx o buscar alguna distracción.

 

Si ves que aun así no consigues bajar el nivel de intensidad, será productivo que guardes la conversación pendiente para más adelante, de lo contrario, si expresamos nuestra rabia a nivel 10 podemos dar pie a lo que en coaching se llama “profecía autocumplida” y alimentar creencias limitantes como las de “cuando expreso mi rabia, se enfadan conmigo”, que no nos permitirán dar salida nuestra ira en otras ocasiones.

 

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El tercer paso para expresar la rabia de manera sana es investigar qué ha provocado esa ira, qué mensajes nos trae esa emoción. Si observamos nuestra ira, nos mostrará dónde trabajar. Así que cuando la rabia te visite de nuevo, mírala con curiosidad y pregúntate:

 

¿Qué me falta aceptar? ¿Qué límite se está traspasando? ¿Qué algo legítimo se está transgrediendo? ¿Qué debe cambiar? ¿Siento rabia hacia mí o hacia el otrx?

 

Una vez, hemos identificado la rabia y su intensidad y sabemos qué nos viene a decir, conviene tomar acciones para repararla y para satisfacer la necesidad no cubierta que nos está mostrando. Si bien es cierto, que esperar a estar más calmadxs es una buena idea, es muy sano que la expresemos, ya que si se estanca y se convierte en una emoción tónica nos puede llevar al resentimiento y la resignación.

 

A la hora de expresar la rabia, es de suma importancia no personificar la emoción, no caer en el “me das rabia” o “haces que me enfade” e ir más allá. La ira es contra una acción, no contra toda una persona. Así que expresiones como: esto que ha sucedido hace que me sienta enfadado, o cuando el otro día hiciste X me sentí Y, serán siempre más productivas para la otra persona y también para nosotrxs mismxs, ya que nos ayudan a poder ver al otro con amor y compasión a pesar de sus acciones y a reparar lo que ha sucedido.

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